1 ene. 2000

piel de gallina

En Indochina un niño demuestra el Teorema de Fermat.
Ojos rasgados, seis años de edad.
Su hermano a una mano ajusta un Rubick en un minuto,
y yo ni me inmuto.

Lo han decidido por convenio, de la tabla periódica se borra el selenio.
Lo han acordado por consenso, que el rey Melchor no regaló incienso.
Hay beneplácito para afirmar que Superman es real,
y a mí me da igual.

Aseguran en los medios
que Mickael vive en Marbella, disfrazado de negro.
Que aunque no lo parece, el polo norte crece.
Que entre el este y el oeste, hay un abismo
y a mí me da lo mismo.

Un cura busca a Dios en el córtex cerebral.
Un darwinista, del alma va tras la pista.
Han inventado la máquina que mide el cinismo
y una cata de vinos sin snobismo.
Compiten con mil tropas en misión de paz,
y mi médico es un farsante sin piedad.
Que un vaso de vino es bueno
y que el café es antioxidante,
y mí no me quita el sueño.

Ni me alegr,
ni me enojo.
Una sonrisa amable
y me sonrojo.
Una palabra a tiempo
y me descentro,
y si me vuelvo y me miras:
piel de gallina.